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Subsidio para bendecir e imponer la ceniza

Publicado Febrero 12, 2021

Por ClaretianosMX

Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica

Bendición e Imposición de la ceniza

cenizas


Durante la Emergencia Sanitaria

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Miércoles de Ceniza

Subsidio para bendecir e imponer la ceniza

El presente subsidio, atendiendo a la nota de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sobre la imposición de la ceniza en tiempo de pandemia, quiere ser un apoyo para los ministros ordenados y laicos que impondrán la ceniza al inicio de la Cuaresma de este año 2021.

Para ello, se presentan dos esquemas. El primer esquema es para la bendición e imposición de la ceniza durante la celebración de la Misa. El segundo presenta la manera de imponer la ceniza fuera de la Misa. Para este último, será muy conveniente que la ceniza sea bendecida por el sacerdote en la primera Misa que celebre, y se imponga ya la ceniza bendita; sin embargo, se presentan también los textos para bendecirla fuera de la Misa. Este último esquema también indica lo que debe hacer el ministro ordenado y lo que deberá hacer el moderador laico. La homilía la tendrá el ministro ordenado; para el moderador laico, será necesario que cuente con las palabras a dirigir a los fieles, preparadas previamente por el sacerdote responsable de la comunidad.

 

Celebración de la Eucaristía

RITOS INICIALES

 

ANTÍFONA DE ENTRADA Cr. Sab 11, 23. 24. 26

Tú, Señor, te compadeces de todos

y no aborreces nada de lo que has creado,

aparentas no ver los pecados de los hombres,

para darles ocasión de arrepentirse,

porque tú eres el Señor, nuestro Dios.

 

SALUDO

Terminado el canto de entrada, o habiéndose recitado la antífona de entrada, el Celebrante y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el Celebrante, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R. Amén.

 

Después el Celebrante, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:

Que el Espíritu de Dios

nos ayude a responder dócilmente a su llamado penitencial, y que su gracia salvadora

esté siempre con todos ustedes.

R. Y con tu espíritu.

 

MONICIÓN INICIAL

Después del saludo, el Celebrante puede introducir la celebración con estas palabras.

 

Queridos hermanos, por una larga tradición, la Iglesia inicia la Cuaresma, un tiempo intensivo de purificación, con la celebración del Miércoles de ceniza, en el cual los cristianos, al recibir este signo que denota la condición del hombre pecador que confiesa públicamente su culpa delante de Dios, por lo que expresa su voluntad interior de conversión, impulsado por la esperanza de que Dios se apiade en su misericordia.

 

Escucharemos a Dios que quiere mover nuestros corazones a la conversión; dispongámonos, llenos de docilidad, a este itinerario penitencial como un camino de renovación cristiana que culminará con la solemne celebración de la Pascua.

 

Se omite el acto penitencial, que es sustituido por la imposición de la ceniza.

Conviene cantar el Señor, ten piedad.

 

 

ORACIÓN COLECTA

El Celebrante, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Y todos oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.

 

Después el Celebrante, con las manos extendidas, dice la oración colecta.

Que el día de ayuno

con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma

sea el principio de una verdadera conversión a ti,

y que nuestros actos de penitencia

nos ayuden a vencer el espíritu del mal.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos.

 

Al final de la oración el pueblo aclama:

Amén.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

La Liturgia de la Palabra se desarrolla de la manera acostumbrada hasta la Bendición e imposición de la ceniza.

 

PRIMERA LECTURA

Jl 2, 12-18: Enluten su corazón y no sus vestidos.

 

SALMO RESPONSORIAL

Sal 50: R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

 

SECUNDA LECTURA

2 Cor 5, 20 – 6, 2: Aprovechen este tiempo favorable para reconciliarse con Dios.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Hagámosle caso al Señor, que nos dice:“No endurezcan su corazón”.

 

EVANGELIO

Mt 6, 1-6. 16-18: Tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

 

El diacono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el Celebrante, pide la bendición, diciendo en voz baja:

Padre, dame tu bendición.

 

El celebrante, en voz baja, dice:

El Señor esté en tu corazón y en tus labios,

para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo +,

y del Espíritu Santo.

 

El diácono se signa con la señal de la cruz y responde:

Amén.

 

Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:

Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso,

para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.

 

Después el diacono, o el sacerdote, toma el Evangeliario del altar y se dirige al ambón, acompañado, si es oportuno, por los ministros que llevan el incienso y los cirios.

 

HOMILÍA

BENDICIÓN E IMPOSICIÓN DE LA CENIZA

Terminada la homilía, el sacerdote, de pie y con las manos juntas, dice:

Queridos hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre

que bendiga con su gracia esta ceniza

que, en señal de penitencia,

vamos a imponer sobre nuestra cabeza.

Y, después de un breve momento de oración en silencio, con las manos extendidas, prosigue:

Señor Dios, que te apiadas de quien se humilla

y te muestras benévolo para quien se arrepiente,

inclina piadosamente tu oído a nuestras súplicas

y derrama la gracia de tu bendición +

sobre estos siervos tuyos, que van a recibir la ceniza,

para que, perseverando en las prácticas cuaresmales,

merezcan llegar, purificada su conciencia,

a la celebración del misterio pascual de tu Hijo.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

 

O bien:

 

Señor Dios, que no quieres la muerte del pecador

sino su conversión,

escucha bondadosamente nuestras súplicas

y dígnate bendecir +esta ceniza,

que vamos a imponer sobre nuestra cabeza,

sabiendo que somos polvo y al polvo hemos de volver

y concédenos que,

por nuestro esfuerzo en las prácticas cuaresmales,

obtengamos el perdón de nuestros pecados

y una vida renovada a imagen de tu Hijo resucitado.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

 

Y rocía la ceniza con agua bendita, sin decir nada.

 

El sacerdote se dirige a los presentes, diciendo una sola vez para todos:

Conviértanse y crean en el Evangelio.

 

O bien:

Recuerda que eres polvo

y al polvo has de volver.

 

Después, el sacerdote se desinfecta las manos y se coloca la mascarilla cubriendo nariz y boca.

El sacerdote impone la ceniza cuantos se acercan a él o, si es oportuno, se acerca a cuantos están de pie en su lugar.

El sacerdote toma la ceniza y la deja caer sobre la cabeza de cada fiel, sin decir nada.

Mientras tanto, se canta la antífona.

 

ANTÍFONA 1

Renovemos nuestra vida con signos de penitencia;

ayunemos y lloremos delante del Señor, porque la misericordia de nuestro Dios

está siempre dispuesta a perdonar nuestros pecados.

 

ANTÍFONA 2 Cfr. Jl 2, 17; Est 4, 17

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo:

Perdona, Señor, perdona a tu pueblo,

y no cierres la boca de aquellos que te alaban.

A NTÍFONA 3 Sal 50, 3

Lávame, Señor, de mis pecados.

 

Esta antífona puede repetirse después de cada verso del salmo 50 Misericordia, Dios mío, por tu bondad.

 

RESPONSORIO

V. Renovemos y mejoremos nuestra vida, pues por ignorancia hemos pecado; no sea que, sorprendidos por el día de la muerte, busquemos un tiempo para hacer penitencia, y ya no sea posible encontrarlo.

R. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

V. Ven en nuestra ayuda, Dios salvador nuestro; por el honor de tu nombre, líbranos, Señor.

R. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

 

Se puede cantar también otro canto apropiado.

 

Terminada la imposición de la ceniza, el sacerdote se lava las manos y continúa con la oración universal, y la Misa prosigue del modo acostumbrado.

 

No se dice Credo.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

El Celebrante, con las manos juntas, invita a los fieles a orar, por medio de la siguiente monición

 

El Señor clemente y compasivo nos ha llamado, por medio de su Palabra, a reconciliarnos con él en este tiempo de gracia que estamos iniciando. Llenos de confianza en su perdón, aclamemos:

R. Señor, ten piedad de nosotros.

El diácono o un lector propone las siguientes intenciones:

  1. Por el Papa Francisco y nuestro Obispo N. Que, como embajadores del Señor, nos exhorten siempre a reconciliarnos con Dios. Oremos. R.

  2. Por los presbíteros y diáconos. Que en comunión con nuestro Obispo, promuevan los valores del Reino en las comunidades donde ejercen su ministerio. Oremos. R.

  3. Por los religiosos, hombres y mujeres consagrados para ser testigos del Reino. Que su testimonio nos impulse a vivir conforme a tener un corazón puro y cumplir los mandamientos de Dios. Oremos. R.

  4. Por los Gobernantes del mundo. Que defiendan y promuevan la justicia, la libertad religiosa, la paz y eviten toda clase de marginación. Oremos. R.

  5. Por la Familia humana. Que no deje de implorar la misericordia de Dios para que nos conceda el final de la pandemia y salga de ella renovada en la solidaridad. Oremos. R.

     

  6. Por los enfermos, especialmente durante esta pandemia, por los ancianos y todas las personas que pasan necesidad. Que el Señor les conceda salud, fortaleza y consuelo. Oremos. R.

  7. Por cuantos nos hemos congregado en esta celebración. Que, escuchando la voz del Señor, reconozcamos nuestros pecados y experimentemos la salvación de Dios que nos salva. Oremos. R.

El Celebrante, con las manos extendidas, termina la oración universal, diciendo:

Escucha, Padre misericordioso, las súplicas que te presentamos, y concede a tu Iglesia renovarse por la penitencia

para la celebración de las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

La Misa continúa de la manera acostumbrada.

 

LITURGICA EUCARÍSTICA

PREFACIO

Se utiliza el Prefacio III o IV de Cuaresma.

 

RITO DE CONCLUSIÓN

 

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

Luego, el Celebrante, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos dice:

El Señor esté con ustedes.

 

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

 

Luego, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice:

Derrama, propicio, Señor Dios,

tu espíritu de arrepentimiento

sobre quienes se inclinan ante tu majestad,

y que merezcan obtener, por tu misericordia,

el premio prometido a los que hacen penitencia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

A continuación, agrega:

Y la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo + , y Espíritu Santo,

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

 

DESPEDIDA

Luego, el diácono, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:

Pueden ir en paz.

 

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.

 

Imposición de la ceniza fuera de la Misa

La bendición e imposición de la ceniza puede hacerse también sin Misa. En este caso, conviene celebrar antes la liturgia de la Palabra, usando el canto de entrada, la oración colecta, y las lecturas con sus cánticos, como en la Misa. Enseguida se tienen la homilía y la bendición e imposición de la ceniza de la manera antes mencionada. El rito se concluye con la oración universal, la bendición y la despedida de los fieles.

 

ANTÍFONA DE ENTRADA Cr. Sab 11, 23. 24. 26

Tú, Señor, te compadeces de todos

y no aborreces nada de lo que has creado,

aparentas no ver los pecados de los hombres,

para darles ocasión de arrepentirse,

porque tú eres el Señor, nuestro Dios.

 

SALUDO

Terminado el canto de entrada, o habiéndose recitado la antífona de entrada, el Celebrante y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el Celebrante, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R. Amén.

 

Después el Celebrante, si es ministro ordenado, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:

Que el Espíritu de Dios

nos ayude a responder dócilmente a su llamado penitencial,

y que su gracia salvadora

esté siempre con todos ustedes.

R. Y con tu espíritu.

 

El moderador laico, con las manos juntas, saluda a los presentes, diciendo:

Bendigamos al Señor que nos ama

y nos llama a la conversión.

R. Bendito seas por siempre, Señor.

 

 

MONICIÓN INICIAL

Después del saludo, el Celebrante puede introducir la celebración con estas palabras.

Queridos hermanos, por una larga tradición, la Iglesia inicia la Cuaresma, un tiempo intensivo de purificación, con la celebración del Miércoles de ceniza, en el cual los cristianos, al recibir este signo que denota la condición del hombre pecador que confiesa públicamente su culpa delante de Dios, por lo que expresa su voluntad interior de conversión, impulsado por la esperanza de que Dios sea apiade en su misericordia.

Escucharemos a Dios que quiere mover nuestros corazones a la conversión; dispongámonos, llenos de docilidad, a este itinerario penitencial como un camino de renovación cristiana que culminará con la solemne celebración de la Pascua.

 

Se omite el acto penitencial, que es sustituido por la imposición de la ceniza.

Conviene cantar el Señor, ten piedad.

 

El Celebrante, con las manos juntas, dice:

Oremos.

 

Y todos oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.

Después, si preside un diácono, con las manos extendidas (si guía un moderador laico, sin extender las manos), dice la oración colecta.

 

Que el día de ayuno

con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma

sea el principio de una verdadera conversión a ti,

y que nuestros actos de penitencia

nos ayuden a vencer el espíritu del mal.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

 

Se lee al menos el Evangelio de las lecturas que se presentan a continuación.

 

PRIMERA LECTURA

Enluten su corazón y no sus vestidos.

Del libro del profeta Joel

2, 12-18

 

Esto dice el Señor: “Todavía es tiempo.

Vuélvanse a mí de todo corazón, con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus vestidos. Vuélvanse al Señor Dios nuestro,

porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en clemencia, y se conmueve ante la desgracia.

Quizá se arrepienta, se compadezca de nosotros y nos deje una bendición,

que haga posibles las ofrendas y libaciones al Señor, nuestro Dios.

Toquen la trompeta en Sión, promulguen un ayuno, convoquen la asamblea, reúnan al pueblo, santifiquen la reunión, junten a los ancianos, convoquen a los niños, aun a los niños de pecho.

Que el recién casado deje su alcoba y su tálamo la recién casada.

Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo:

‘Perdona, Señor, perdona a tu pueblo.

No entregues tu heredad a la burla de las naciones.

Que no digan los paganos: ¿Dónde está el Dios de Israel?’ ”

Y el Señor se llenó de celo por su tierra y tuvo piedad de su pueblo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Del Salmo 50

 

R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

 

Por tu inmensa compasión y misericordia,

Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.

Lávame bien de todos mis delitos,

y purifícame de mis pecados. R.

 

Puesto que reconozco mis culpas,

tengo siempre presentes mis pecados.

Contra ti sólo pequé, Señor,

haciendo lo que a tus ojos era malo. R.

 

Crea en mí, Señor, un corazón puro,

un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.

No me arrojes, Señor, lejos de ti,

ni retires de mí ti santo espíritu. R.

 

Devuélveme tu salvación, que regocija

y mantén en mí un alma generosa.

Señor, abre mis labios,

y cantará mi boca tu alabanza. R.

 

 

SEGUNDA LECTURA

Aprovechen este tiempo favorable para reconciliarse con Dios.

 

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios

5, 20 – 6, 2

 

Hermanos: Somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es como si Dios mismo los exhortara a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se dejen reconciliar con Dios. Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos.

Como colaboradores que somos de Dios, los exhortamos a no echar su gracia en saco roto. Porque el Señor dice: En el tiempo favorable te escuché y en el día de la salvación te socorrí. Pues bien, ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación.

Palabra de Dios.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Hagámosle caso al Señor, que nos dice:

“No endurezcan su corazón”.

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

 

EVANGELIO

Conviértanse y crean en el Evangelio.

 

+Del santo Evangelio según san Mateo

6, 1-6. 16-18

 

El moderador laico dice:

Escuchen, hermanos, el santo Evangelio según san Mateo

  

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará’’.

Palabra del Señor.

El ministro ordenado es conveniente que tenga la homilía.

El moderador laico puede dirigir a los fieles las palabras preparadas previamente por el sacerdote responsable de la comunidad.

 

BENDICIÓN E IMPOSICIÓN DE LA CENIZA

Terminada la homilía, si no se bendecirá la ceniza, se pasa directamente a imponerla; si se bendecirá la ceniza, el ministro ordenado, de pie y con las manos juntas, dice:

Queridos hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre

que bendiga con su gracia esta ceniza

que, en señal de penitencia,

vamos a imponer sobre nuestra cabeza.

 

El moderador laico utilizará la ceniza ya previamente bendecida por el sacerdote responsable de la comunidad.

Y, después de un breve momento de oración en silencio, con las manos extendidas, prosigue:

Señor Dios, que te apiadas de quien se humilla

y te muestras benévolo para quien se arrepiente,

inclina piadosamente tu oído a nuestras súplicas

y derrama la gracia de tu bendición +

sobre estos siervos tuyos, que van a recibir la ceniza,

para que, perseverando en las prácticas cuaresmales,

merezcan llegar, purificada su conciencia,

a la celebración del misterio pascual de tu Hijo.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

 

O bien:

 

Señor Dios, que no quieres la muerte del pecador

sino su conversión,

escucha bondadosamente nuestras súplicas

y dígnate bendecir + esta ceniza,

que vamos a imponer sobre nuestra cabeza,

sabiendo que somos polvo y al polvo hemos de volver

y concédenos que,

por nuestro esfuerzo en las prácticas cuaresmales,

obtengamos el perdón de nuestros pecados

y una vida renovada a imagen de tu Hijo resucitado.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

 

Y rocía la ceniza con agua bendita, sin decir nada.

 

El celebrante se dirige a los presentes, diciendo una sola vez para todos:

Conviértanse y crean en el Evangelio.

 

O bien: 

Recuerda que eres polvo

y al polvo has de volver.

 

Después, el celebrante se desinfecta las manos y se coloca la mascarilla cubriendo nariz y boca.

El celebrante impone la ceniza cuantos se acercan a él o, si es oportuno, se acerca a cuantos están de pie en su lugar.

El celebrante toma la ceniza y la deja caer sobre la cabeza de cada fiel, sin decir nada. Mientras tanto, se canta la antífona.

 

ANTÍFONA 1

Renovemos nuestra vida

con signos de penitencia;

ayunemos y lloremos delante del Señor,

porque la misericordia de nuestro Dios

está siempre dispuesta a perdonar nuestros pecados.

 

ANTÍFONA 2 Cfr. Jl 2, 17; Est 4, 17

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes,

ministros del Señor, diciendo:

Perdona, Señor, perdona a tu pueblo,

y no cierres la boca de aquellos que te alaban.

 

ANTÍFONA 3 Sal 50, 3

Lávame, Señor, de mis pecados.

 

Esta antífona puede repetirse después de cada verso del salmo 50 Misericordia, Dios mío, por tu bondad.

 

RESPONSORIO

V. Renovemos y mejoremos nuestra vida, pues por ignorancia hemos pecado; no sea que, sorprendidos por el día de la muerte, busquemos un tiempo para hacer penitencia, y ya no sea posible encontrarlo.

R. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

V. Ven en nuestra ayuda, Dios salvador nuestro; por el honor de tu nombre, líbranos, Señor.

R. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

 

Se puede cantar también otro canto apropiado.

 

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

El Celebrante, con las manos juntas, invita a los fieles a orar, por medio de la siguiente monición

 

El Señor clemente y compasivo nos ha llamado, por medio de su Palabra, a reconciliarnos con él en este tiempo de gracia que estamos iniciando. Llenos de confianza en su perdón, aclamemos:

R. Señor, ten piedad de nosotros.

Un lector propone las siguientes intenciones:

        1. Por el Papa Francisco y nuestro Obispo N. Que, como embajadores del Señor, nos exhorten siempre a reconciliarnos con Dios. Oremos. R.

        2. Por los presbíteros y diáconos. Que en comunión con nuestro Obispo, promuevan los valores del Reino en las comunidades donde ejercen su ministerio. Oremos. R.

        3. Por los religiosos, hombres y mujeres consagrados para ser testigos del Reino. Que su testimonio nos impulse a vivir conforme a tener un corazón puro y cumplir los mandamientos de Dios. Oremos. R.

        4. Por los Gobernantes del mundo. Que defiendan y promuevan la justicia, la libertad religiosa, la paz y eviten toda clase de marginación. Oremos. R.

        5. Por la Familia humana. Que no deje de implorar la misericordia de Dios para que nos conceda el final de la pandemia y salga de ella renovada en la solidaridad. Oremos. R.

           

        6. Por los enfermos, especialmente durante esta pandemia, por los ancianos y todas las personas que pasan necesidad. Que el Señor les conceda salud, fortaleza y consuelo. Oremos. R.

        7. Por cuantos nos hemos congregado en esta celebración. Que, escuchando la voz del Señor, reconozcamos nuestros pecados y experimentemos la salvación de Dios que nos salva. Oremos. R.

El Celebrante, con las manos juntas, dice:

Oremos al Padre, pidiendo que perdone nuestras ofensas; hagámoslo como el Señor Jesús nos enseñó: Padre nuestro…

 

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

El ministro ordenado, vuelto hacia el pueblo y extendiendo las manos sobre él (si guía un moderador laico, con las manos juntas), dice esta oración:

 

Derrama, propicio, Señor Dios,

tu espíritu de arrepentimiento

sobre quienes se inclinan ante tu majestad,

y que merezcan obtener, por tu misericordia,

el premio prometido a los que hacen penitencia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

 

A continuación, el ministro ordenado agrega:

Y la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo + , y Espíritu Santo,

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

 

Si guía un moderador laico, invoca la bendición de Dios y se santigua junto con los demás, diciendo:

El Señor nos bendiga,

nos guarde de todo mal

y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

 

DESPEDIDA

Luego, el Celebrante, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:

Pueden ir en paz.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.

 

 

 

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