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LA PALABRA DE DIOS, UNA RESPUESTA ANTE LA ENFERMEDAD

Publicado Febrero 18, 2021

Por P. Armando Ibarra Carrillo, cmf

La Biblia es un libro que narra la historia de las relaciones de Dios con su pueblo Israel. Fue una relación que estuvo constantemente marcada por la desobediencia del pueblo y la fidelidad de Dios.

En una parte del libro de Jeremías se descubre una promesa de restauración y sanación del pueblo de Israel (Judá), que se encontraba asediado por el ejército del Rey de Babilonia: “Pero pienso proporcionarles su alivio y su medicina. Los curaré y les descubriré el bienestar y seguridad que les traigo” (Jr 33, 6).

A veces el enojo o el distanciamiento con el hermano nos produce una especie de “enfermedad”. Cuando una persona se enoja con otra, lógicamente no se siente bien. Cuando uno se aleja de Dios la sensación es mucho peor. Esta experiencia se puede recordar con el ejemplo de Caín al asesinar a su hermano Abel (Cf. Gn 4, 1-16).

Los pensamientos generan sentimientos; si estamos alejados de Dios puede venir la tristeza, el enojo consigo mismo, la depresión y otros malestares. Pero cuando se reconoce el perdón de parte de Dios, viene la restauración, la alegría, la salud y el agradecimiento.

Por otra parte, el pasaje de Santiago propone una forma de encontrar la curación, por medio de los sacerdotes, de los encargados del templo; pero también propone el perdón de los pecados de parte de Dios: “¿Está enfermo alguno entre ustedes? Que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante; y, si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Confesar, pues, mutuamente sus pecados y orar los unos por los otros, para que sean curados” (St 5, 14-16).

Incluso, humanamente, cuando uno se aleja de Dios, generalmente repercute en detrimento del estado anímico de la persona. Pero cuando se reconoce el perdón de parte de Dios para con un creyente, viene la restauración, la alegría, viene la cercanía, la familiaridad y la salud. Si mis pensamientos no son buenos, es muy probable que mis sentimientos tampoco lo sean. 

La Palabra de Dios siempre será el primer recurso cuando uno se siente enfermo. Dios es el todopoderoso que escucha nuestras súplicas y puede darnos la salud contra todo pronóstico propuesto por la ciencia.

Si cambio mis pensamientos, cambiarán mis sentimientos; si cambio mis sentimientos, cambiarán mis actitudes; si cambian mis actitudes, cambiará mi vida.

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